CAPÍTULO 10

Ver a aquella mujer que tanto ha admirado siempre junto a su esposo, una famosísima estrella del rock mundial ha sido un shock. Y verlos así, mirándose de esa forma después de veintinueve años despierta una sonrisa en su cara. Eso es algo con lo que sueñan muchas personas.

Contemplar a esa pareja es descubrir el amor. 

Los admira tanto a ambos...

En especial a ella por su rebeldía, por querer vivir como ella deseaba vivir su propia vida, por enfrentarse a quien sea por defender aquello en lo que creía, por defender las injusticias contra las personas y sobre todo por defender su amor por ese hombre. 

«Mira, abuela. Ellos están felices gracias a ti.» «De no ser por tu valor en denunciar al abuelo y su vecino, ellos no estarían aquí juntos y felices. Gracias abuela. Estoy muy orgullosa de ti.» piensa la joven. 

Rick termina de bajar las escaleras con Caroline y la deposita en la silla de ruedas con delicadeza. Cuando se endereza, se lleva la mano a la cintura. 

—¿Te hiciste daño, Rick? —pregunta ella preocupada. 

—No te preocupes, amor. Es que ya no soy tan joven como antes y mi cuerpo me lo recuerde. —le responde él mirándola con una sonrisa. 

—Es por mi culpa. Te hiciste daño por mi culpa. Soy una inútil y una carga. —se lamenta ella con unas lágrimas en sus ojos. 

Él la mira preocupado. 

—Amor, tú no tienes la culpa de nada. —le dice él acariciando su rostro con ternura y besando los labios con dulzura. 

La amiga de Elena y la misma Elena los observan sin decir nada. Están demasiado conmovidas y no quieren arruinar un momento así. 

—Debería quedarme en el piso de arriba y no salir de allí. Quedarme encerrada. —se sincera la hija del malvado Jonathan Sanders. —Tal vez deberías buscarte...otra mujer. 

—¡Caroline! —dice su marido molesto. —No sigas con eso. 

—Es que solo te traigo molestias. —se sincera ella con tristeza. —Solo soy honesta, no pensé que te pondrías así. Perdona. 

—Entonces no me digas cosas que me lastiman. Nada me va a alejar de ti, nunca y si insistes en quedarte allá arriba encerrada yo me encierro contigo. Y no creo que me aguantes todo el día diciendo que te quiero y tratando de quitarte la ropa para hacerte el amor. —le dice él con una sonrisa pícara en los labios. 

—¡Rick! —le golpea ella en el hombre. —No me digas esas cosas. 

—Entonces no me provoques. Si tu te encierras yo me encierro contigo. —le asegura con ternura. —Sé que te cuesta entenderlo a veces, pero yo solo quiero estar contigo, lo demás me da igual. Me dan igual tus circunstancias, tu aspecto. Aún si te faltaran las dos piernas te seguiría queriendo igual. No fue tu aspecto lo que me enamoró aunque para mi sigues siendo la mujer más hermosa del mundo. Tus otras cualidades fueron las que me enamoraron. Si solo hubieras sido bella y nada más, no me habría enamorado de ti. No habría podido. Y he conocido mujeres bonitas en mi vida. —le repite él con ternura. —e
Eres la mujer de mi vida. Sé que suena cursi pero es así. Nunca lo olvides. 

Ella le sonríe y él la da un dulce beso en los labios. 

En ese momento, Rick descubre a Elena y a su amiga allí y da un pequeño respingo muy cómico encogiéndose un poco y provocando las risas de todas las mujeres que están ahí. 

—¡Qué susto! —dice Rick llevándose la mano al corazón. —Podrías avisar que has llegado. Tu anciano padre ya está mayor para estas cosas. —bromea el músico. 

—¿Anciano? No decías eso hace un rato cuando...—le recuerda su esposa. —allá arriba. 

—Eso es diferente. —asegura él. —Tú ya me entiendes. —le guiña un ojo. —Aún estoy algo molesto contigo, ya veré...que puedes hacer para que te perdone. —dice el músico tratando de disimular una sonrisa traviesa mientras finge estar enojado con su esposa. 

—¿Me estás haciendo chantaje? —pregunta ella. 

—Sí. —responde él. 

—Ya veremos si eso te da resultado. —responde ella. 

—Dará resultado. Eso no lo dudes. —dice su cónyuge. 

—¿Quién es tu amiga, cariño? —pregunta Caroline a Elena. 

—Una nueva amiga que acabo de hacer en este lugar. —responde su hija. 

—Eso es fantástico, cielo. ¿Y cómo se llama? —pregunta Rick en esta ocasión. 

—No lo sé. No se lo he preguntado, la verdad. —se sincera la chica. 

—Me llamo Stefanie. —responde la joven algo cohibida. 

El matrimonio la mira y la sonríe. 

—Encantados de conocerte Stefanie. —dice Caroline. 

—Gracias. —responde ella algo temerosa. 

—¿Te ocurre algo, muchacha? —pregunta el rockero. 

En ese momento es Elena quien interviene en la conversación. 

—Ella os admira mucho, sobre todo a ti, mamá. —asegura la joven. 

Su madre se sorprende. 

—¿Admirarme a mi? ¿Por qué? 

—Por luchar por tu propia vida, por defender tu amor por Rick y por enfrentarse a la gente de este lugar que aún son tan intolerantes e intransigentes. —se sincera la joven con la mujer de Rick.
—Eres mi ejemplo a seguir. 

—¡Vaya! Gracias. No sé que decir. —sonríe Caroline mientras su marido la abraza por detrás. 

—Pero...—se lamenta ella. 

—Pero qué. Habla. —dice el cantante. 

—Papá. Ella tiene miedo de contaros. Aunque ya le he dicho no tiene la culpa de nada porque no había nacido. Pero igual se siente mal. 

—¿Y por qué te sientes mal por eso, Stefanie? —pregunta la madre de Elena.

—Mi abuelo... Él. —comienza a decir la muchacha. —fue cómplice de Jonathan Sanders junto con otro vecino en vuestra separación. Lo siento mucho. —se sincera la joven. 

—No tienes que sentirte mal por eso, ni siquiera habías nacido, cariño. Cada persona es responsable de sus propias acciones. —la sonríe Caroline. 

—Mi madre es igual que él, y ha intentado criarme de la misma manera cerrada en la que ella fue educada pero no estoy dispuesta a permitir que gobierne mi vida. 

—¡Vaya! Otra rebelde como tú, amor. —sonríe el rockero a su esposa besando su mejilla después. 

—Mi abuelo acaba de salir de la cárcel. Fue mi abuela la que denunció lo que habían hecho y aseguró que Rick era inocente. Ella contó el  plan que habían tramado entre los tres y por eso Rick salió en libertad. Ella solo era una mujer que trataba de sobrevivir aquí pero tenía que fingir que era como mi abuelo. Su valentía le costó la vida. Mi abuelo le mató cuando se enteró de lo que hizo. —se sincera la joven. —Admiro mucho a mi abuela aunque nunca llegué a conocerla. 

—Entonces mi libertad se la debo a ella. —sonríe el músico. —Nunca se lo voy a poder agradecer y eso me entristece pero... 

El músico se acerca a la muchacha y la abraza. 

—Es mi manera de darle las gracias. A través de ti. Quiero ir a visitar su tumba. ¿Hay algún problema? —pregunta el músico. 

—Ninguno. —asegura la joven con una tímida sonrisa. 

—Siempre serás bienvenida en nuestra casa. —asegura el músico a la muchacha. 

—Yo también quisiera ir a visitarla. —dice la mujer de Rick. —Ahora me  gustaría dar un abrazo a mi fan. Mi marido y su grupo tienen muchos fans gracias a su talento, pero esto es nuevo para mi. Nunca me había admirado nadie. —se sincera la hija de Jonathan Sanders. 

—Eso no es cierto. Yo soy fan tuyo desde hace veintinueve años, desde que empecé a conocerte y descubrí la mujer increíble que eres. Y cada día te admiro más, aunque a veces tenga ganas de  castigarte por las cosas que dices. —le dice su marido colocándose frente a ella y besando sus labios con ternura. —No es necesario ser una celebridad para ser el ídolo de alguien y tú eres lo que más admiro en este mundo. 

Lejos de allí, cuando el abuelo de Stefanie llega a casa se molesta al ver que no está allí para recibirle. Los años que ha pasado en prisión no le han cambiado, sigue siendo el mismo tipo cruel e intolerante, incluso más que antaño. 

—No sé que hacer con ella, padre. —dice su hija.—Trato de educarla como tú me educaste a mi pero siento que a veces quiere revelarse.

—Pues ahora estoy yo aquí. Y tendrá que hacerme caso sí  o sí. —asegura el individuo. —Si Sanders no pudo meter en cintura a su hija, a mi no me pasará lo mismo con Stefanie. —asegura el criminal. 

—Eso espero Papá. —sonríe su hija. 

Muy lejos de allí, los dos compañeros de banda de Rick conversan con los muchachos que acaban de descubrir. Tienen tanto talento... 

Los dos músicos se miran y sonríen, ambos piensan lo mismo. 

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