CAPÍTULO 6


Elena descubre a sus padres mirándose como solo ellos saben mirarse, mientras Rick sube con su mujer en brazos las escaleras que llevan al primer piso, teniendo un momento tierno y sonríe. Los ha visto así tantas veces... 

Tienen sus discusiones como todas las parejas. Pero el amor que sienten el uno por el otro es muy grande. Sigue habiendo mucha pasión entre ambos pero los años también les han aportado más serenidad y madurez en la relación. Además lo que sucedió con los compañeros de banda de los rockeros les cambió la vida a todos para siempre. 

Rick perdió a dos compañeros, casi dos hermanos y además su esposa quedó en silla de ruedas. Y al contrario de lo que pueda parecerle a algunas personas, quiere más a su esposa desde el accidente aunque ella se siente acomplejada desde que aquello sucedió. No se siente lo bastante mujer para él que es un músico de éxito y aún muy guapo y deseado. Ambos ya han llegado a los cincuenta años.

Sin embargo, para el rockero nada ha cambiado, sigue amando a Carrie como el primer día. Lleva tanto tiempo enamorado de ella que ya no recuerda como era su vida antes de conocerla.

Lo de Elena dolió mucho pero de alguna forma tenía que vivir aquello para llegar a Caroline. Tal vez Elena fue quien los unió, Carrie está segura de ello y por eso decidió llamar a la hija que ambos tienen en común como aquel antiguo amor de Rick ;Elena.

Las fans de cualquier edad asedian al vocalista desde que empezaron a triunfar. Muchos padres, de la misma edad de los músicos cuando Carrie y Rick se conocieron, han enseñado a sus vástagos la música de la banda y ahora sus hijos también son admiradores del grupo. 

La banda ha visto en sus conciertos a familias enteras.

A algunos de esos seguidores los conocen porque los siguen desde que empezaron a triunfar hace tantos años y los han visto en varias ocasiones en firmas de discos y en recitales. Se creó una relación especial y cercana con ellos. Un día los vieron con sus hijos en un concierto y los muchachos tuvieron la oportunidad de saludarlos en camerinos tras el concierto.

Los miembros de la banda aún son hombres atractivos a sus cincuenta años y las fans, tanto de su edad, como incluso chicas más jóvenes, se vuelven locas por ellos y los persiguen. Cuando se hacen fotos con los artistas se les arriman bastante y les coquetean. Alguno de sus compañeros ha tenido alguna breve historia con alguna de esas fans pero no duró mucho. Además estaban divorciados por entonces de sus esposas de modo que eran libres de estar con quien les apeteciera.

Rick era bastante respetuoso con sus seguidoras, era afectuoso pero nunca atravesaba los límites con ellas a pesar que las admiradoras intentaban de todo para seducirlo. Además en su época de mayor éxito por aquel entonces acababa de casarse con Caroline después de sufrir su ausencia durante cuatro años y tenían una hija. No tenía ninguna intención de engañarla ni entonces, ni ahora.
Las tentaciones estaban ahí, ¡por supuesto! Les rodeaban mujeres muy hermosas, él se daba cuenta cuenta de ello, pero no habría sido de hombres enredarse con otra mujer teniendo a su esposa en casa esperando por él y sufriendo, temiendo, que él se fuera en cualquier momento con otra persona porque ella estaba atada a una silla de ruedas.

Rick nunca tuvo, nunca ha tenido, intención de engañar a su mujer, la quiere demasiado y es muy feliz a su lado a pesar que ella vive triste por su situación aunque cuando está delante de él trata de mostrarse feliz. Y nunca ha dejado de arreglarse para que él la vea siempre bonita. Después de todo, él también intenta verse bien para ella.

—Elena, cariño, sube la silla de tu madre. —le pide el sueco a su hija. 

—Enseguida, Papá. —responde ella doblando la silla y subiendo rápidamente las escaleras que llevan al primer piso. 

Rick deposita a su esposa con delicadeza en la silla de ruedas y le guiña un ojo con coquetería. 

—Estás especialmente guapa hoy. ¿Acaso pretendes seducirme? —pregunta él. 

—Me has pillado. Culpable. —responde ella devolviendo el guiño a su marido. 

—Pues lo has conseguido. No respondo de lo que pueda pasar entre los dos si nos quedamos solos un rato. —se le insinúa su marido. 

Caroline comienza a acalorarse y su corazón empieza a palpitar con tanta fuerza que lo puede sentir.

Su marido, a pesar de los años transcurridos, a pesar de las innumerables veces que han hecho el amor, sigue provocando ese efecto en ella cada vez que le insinúa o le dice con claridad que quiere tener sexo con ella. 

Cuando el matrimonio está en el piso superior y Rick abre las puertas de las habitaciones para ventilar Caroline sonríe. La rubia entra en una de las habitaciones manejando su propia silla de ruedas. En cuanto lo hace miles de recuerdos vuelven a acudir a su memoria. Recuerdos que la hacen sonreír.

Aquella estancia tan especial fue el lugar en el que ella se alojó cuando escapó de casa de su padre. Los músicos la acogieron allí como si fuera una más de ellos y surgiendo una amistad y un cariño entre todos que perdura aún hasta el día de hoy. La dama se acerca a la cama en la que permaneció mientras se recuperaba de la última paliza de su padre. La madre de Elena recuerda el momento exacto en el que Rick y él se confesaron que se querían. Fue algo que surgió de manera espontánea una mañana cuando él le llevó el desayuno a la cama. 

Veintinueve años atrás... 

—Te traigo el desayuno, Caroline. —dice el rockero acercándose a ella. —Yo mismo te lo preparé. —se sincera. 

Rick deposita la bandeja en las rodillas de su huésped mirándola a los ojos. 

—Esta mañana tienes mucho mejor aspecto. Lo de la cara desaparecerá con el paso de los días. Esa bonita cara que tienes tendrá mejor color cada día. —le asegura él sonriéndola, mientras acaricia su rostro con delicadeza. 

En ese instante, ella se resiente un poco de los golpes que tiene en el rostro. 

—Lo siento. No fue mi intención hacerte daño. —se disculpa él con su amiga apartando la mano de su rostro. 

—Esto no es culpa tuya, sino mía por no ser una buena hija y rebelarme. —se lamenta la hija de Johnatan Sanders. 

—Sí, bueno supongo que no lo eres por negarte a odiarnos y juzgarnos como los demás. Y por negarte a dejar de vernos. Si nosotros te perjudicamos de alguna manera nos alejaremos de ti, aunque eso me dolería. Que... quería decir que nos dolería. En todo caso, nada de esto es culpa tuya, sino nuestra. —se sincera el vocalista sin dejar de mirarla. 

—Eso no me parece justo. Lo haría si existiera una razón de peso para odiaros, pero no la hay. Nadie me puede decirme como vivir mi propia vida, ni siquiera mi padre, con el que dicho sea de paso, nunca me he llevado demasiado bien. A él siempre le ha molestado no poder gobernar mi vida y vosotros...

—Nosotros hemos sido la gota que colma el vaso. —concluye Rick.

—Vosotros no tenéis la culpa de nada. Me gustaría marcharme de este lugar. Siempre lo he deseado, pero creo que estoy condenada a vivir aquí para siempre. —confiesa la joven a su amigo. 

—Sabes que cuentas con nosotros. Hay mucha gente que te quiere, y si algún día quieres irte de este lugar solo tienes que decírmelo. —le dice el rockero sonriendo a la chica mientras deposita una de sus manos sobre una de las de ella con ternura. 

—Nunca podría haceros eso. El problema con la gente de este lugar y con mi padre lo tengo yo. —le explica Caroline. 

—Olvidas que a nosotros tampoco nos quieren aquí. —le recuerda el intérprete. 

—Sería un sacrificio demasiado grande para vosotros. —se lamenta ella. 

—Vinistéis aquí para triunfar en Estados Unidos. Sería muy egoísta de mi parte permitir algo así. 

—Para mi no supondría ningún sacrificio marcharme contigo porque lo haría voluntariamente y porque...—se sincera el sueco con su amiga acariciando su rostro con ternura. 

—¿Por qué más? Sigue. —le sonríe ella colocando un dorado rizo rebelde de Rick detrás de su oreja. 

—Porque...creo...que te quiero. –le responde él mirándola a los ojos.

—Eres un auténtico amor. Creo que yo también te quiero. Eres un gran amigo. —responde ella acariciándole la mejilla, mientras le sonríe. 

—No...yo no me refería a...—resopla. —¡Qué difícil es esto! —dice el sueco apartando la mirada de su invitada por un segundo. 

—Lo sé. Sientes compasión por mi. —responde ella algo que triste. 

Caroline se ha enamorado de él sin darse cuenta. 

—Te equivocas, Carrie. Yo...¡Señor eres tan dulce y tan bonita..! —se sincera él acercándose a ella. 

El rockero aproxima su rostro al de ella. Sus corazones palpitan de manera rápida al unísono. Ambos funden sus labios en un beso. Rick toma entre sus manos el rostro de Carrie, mientras ella introduce sus dedos entre los rizos rubios del cantante. Cuando minutos más tarde sus boca se separan, el cantante se disculpa. 

—Perdóname. No debí hacerlo. No pude evitarlo. 

—No tienes porque disculparte. Yo no evité ese beso y le correspondí. Jamás pensé que pudieras besarme por compasión. —dice ella. 

—¿¡Compasión!? ¿Crees que te he besado solo por compasión? Te valoras muy poco si piensas que besaría a una mujer por lástima. ¿Acaso crees que no puedes despertar el amor de ningún hombre? Pues te equivocas. Si te besé, fue porque te quiero y no como amigo. Pero eres una mujer tan especial que te mereces un hombre mejor que yo. Un simple rockero. —se sincera él. 

Ella le hace callar poniendo el dedo índice sobre los labios de su amigo. 

—Eso debo decidirlo yo. Eres el mejor hombre que he conocido y yo...también te quiero y no como amigo. —sonríe ella. 

Ambos vuelven a besarse.

—Déjame adivinar en que estás pensando, Carrie. —dice su marido entrando en la habitación con una sonrisa en los labios.

El sueco se sienta a su lado en la cama colocando la silla de ruedas justo en el lado en el que Caroline estaba aquel día.

—Igual que entonces sigues igual de bonita. Aquí fue donde nos dijimos que nos queríamos, donde no pude evitar besarte y donde me di cuenta que te amaba a pesar que yo, hasta ese momento, creía que solo me veías como amigo aunque ese día admití ante mi mismo lo que hace tiempo sentía por ti y no me atrevía a decir por miedo a que tú no sintieras lo mismo. Recuerdo cada detalle, cada palabra tuya, cada palabra mía de aquel momento. —se sincera el músico con su esposa. 

Dicho esto, Rick, repite esa escena detalle por detalle. Ese momento quedó grabado para siempre en su memoria, además de la primera vez en que hicieron el amor junto al río. 

El momento en que la policía se presentó en su casa y se lo llevó detenido, así como la llegada de aquella horrible carta, son momentos que trata de olvidar aunque formen parte de su historia y de su pasado. 

El europeo toma la cara de su mujer entre sus manos y la besa con ternura como aquella vez, ella introduce sus manos en la melena de su esposo que ya no es rizada y larga como antaño. 

—Esta será nuestra habitación. —dice él. 

—¿Nuestra habitación? —pregunta ella sin entender. 

—Mientras estemos aquí esta será nuestra habitación. —le explica el rockero. —¿Qué mejor sitio en el que quedarnos que aquel en el que nos confesamos que nos amábamos? 

Ella le sonríe con los ojos brillando de emoción. 

—¡Tengo tanta suerte de tenerte en mi vida..! —asegura ella besándole. 

—Yo soy el afortunado, te lo aseguro. —responde el hombre de cabello cobrizo acariciando su cara con dulzura. —Sé que la cama es algo pequeña para dos personas, podemos pedir una cama de matrimonio. —le dice su marido besándole la frente. 

—Eso tardaría días, este pueblo no tiene, al menos hace años no tenía ese tipo de tiendas. Tendríamos que ir a otro pueblo y el más cercano, si no recuerdo mal, está a seis kilómetros. Además, si lo piensas mejor... —dice Carrie poniendo un gesto seductor en su rostro. —que el colchón sea pequeño nos hará dormir más apretados con todo lo que eso supone. Sintiendo todo lo que hay que sentir.

Rick la mira con ojos pícaros.

—Eres una pícara. No me provoques que necesito poco para "emocionarme" contigo. —le guiña un ojo. Te voy a apretar tanto contra mi que quizás creas que es demasiado. Pero no te voy a soltar nunca.

—Si te tiro de la cama al suelo si te portas mal digo yo que me tendrás que soltar. —asevera ella.

Su marido se ríe a carcajadas pero luego se pone serio y le dice.

—Como me hagas eso te castigo. Y ya sabes la clase de "castigo" que me gusta aplicar contigo. El mismo que tú conmigo.

—Baja la voz. Elena puede escucharnos. —le dice la mujer.

—Nuestra hija es una mujer adulta ya, Caroline. Ya sabrá como está ella aquí. —le recuerda su marido.

En el pueblo, los antiguos vecinos de la rubia aquellos que eran de su misma edad, comentan de nuevo el regreso de la pareja, en esta ocasión con su hija, allí. 

—Si se piensan que porque hayan pasado los años vamos a dejar que estén tranquilos se equivocan. Aquí no pintan nada, nunca han pintado nada. Y para colmo vienen con una hija. —comenta una de aquellas jóvenes que criticaban a la pareja, ya una mujer adulta de la misma edad de la pareja. 

—Sí y tiene la misma pinta de desvergonzada que Caroline Sanders. —comenta su marido. 

—Ya está pagando lo que le hizo a su padre, está atada a una silla de ruedas. —se burla una tercera persona. 

Todos se ríen. 

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