CAPÍTULO 7
La maldad no ha abandonado a aquellos antaño jóvenes, ahora padres y madres de familia. En todo caso la ha recrudecido y han pasado esa maldad y esa costumbre de mentir, difamar y criticar a los que no viven como ellos a sus propios vástagos.
Caroline se dio cuenta de ello en cuanto pusieron un pie allí de nuevo. Conoce a sus vecinos demasiado bien y sabe que ese pueblo y sus habitantes no son de los que suelen cambiar con el paso del tiempo, más bien se han quedado congelados en tiempos ancestrales sin avanzar.
No era partidaria de regresar al pueblo por nada del mundo. Cuando su padre se las llevó del lugar a ella y a Maite para alejar a su hija del rockero no quería marcharse de allá, pero no porque quisiera vivir en aquel sitio, detestaba aquel sitio, pero Rick estaba allí desde que llegó con su banda de rock. Él era lo único que le importaba de aquel lugar.
Esperaba que su rockero fuera a buscarla en cuanto se aclarara la mentira que su progenitor había dicho sobre él a la policía. La hizo creer que si se iba con él, Rick quedaría libre de cargos. La rubia tenía la esperanza, aunque había prometido a su padre que nunca más vería al músico, de que el vocalista fuera a buscarla. Algo que nunca ocurrió.
De no ser por el mánager de la banda que descubrió que ella vivía y de sus compañeros de banda, Rick y ella no estarían juntos ahora.
Elena quería conocer el pueblo en el que sus padres se conocieron y que vio nacer su amor. Entre ella y Rick la convencieron de pasar unas vacaciones allí. Aunque ha ido a regañadientes, la rubia no puede negarles nada a sus confesadas debilidades ; Rick y Elena.
La esposa del intérprete, que ignora las crueles risas de sus antiguos vecinos por su parálisis, espera que pasen pronto las vacaciones para marcharse pronto de allí.
—Vamos a la cama. —le dice su marido besando su mejilla.
Ella le sonríe con picardía.
—Espera al menos que nuestra hija esté más lejos. Ya sé que es una mujer adulta pero imagina viendo a sus padres teniendo sexo. — responde ella.
Rick estalla en carcajadas.
—Siempre hemos sido cuidadosos con eso. —comenta él guiñando un ojo a su mujer con picardía. —Pero cuando dije vamos a la cama no estaba pensando en sexo, al menos no en este momento. —le guiña de nuevo un ojo.
—No lo entiendo. —dice ella.
—Carrie, cuando digo vamos a la cama o vamos a dormir, hablo de dormir, no de sexo. Sé que la gente asume de manera inmediata que dormir con alguien, compartir una cama o irse a la cama con alguien es algo sexual. Pero si buscas las definiciones de dormir con alguien, compartir cama o irse a la cama con una persona no tienen nada que ver con tener sexo. Que la gente piense en eso para cualquier cosa es problema de ellos. Cuando te digo que quiero ir a la cama y dormir contigo es porque quiero dormir contigo. Nada más. Si mi intención fuese tener sexo contigo o hacerte el amor te lo diría de manera clara y directa o te darías cuenta por mi manera de actuar. Solo quiero dormir abrazado a ti, sentir el calor de tu cuerpo y que tú sientas el mío. Nada más. Puedo hacerte el amor en otro momento, cuando ambos queramos, aunque yo siempre estoy...dispuesto. Pero de vez en cuando disfruto de estar abrazado a ti. Solo abrazado, sin otra intención. Eso también es muy íntimo.
Ella le acaricia la cara con dulzura.
—Eres tan dulce. Sigues siendo el mismo chico dulce de hace veintinueve años oculto tras una fachada de tipo impulsivo y con carácter. —le dice ella sonriendo.
—Sigo siendo todo eso, más calmado porque los años y tu amor me han otorgado más calma, pero todavía esos aspectos forman parte de mi personalidad. Te enamoraste de este chico impulsivo, terco e imperfecto hace muchos años. Podrías haber elegido a alguien distinto, a alguien mejor, pero no te querría más de lo que yo te quiero.
Ella le toma la cara entre sus manos y le da un piquito en los labios.
—Te lo dije más de una vez. Me da igual que no seas perfecto, que seas todo eso que siempre has sido. Yo tampoco soy perfecta. Lo que me importa es lo que me haces sentir, como me tratas y lo feliz que soy contigo. —se sincera ella con el sueco. —Hemos tenido nuestras discusiones y probablemente las volvamos a tener, pero eso no tiene ni la más mínima importancia para mi, forman parte de la vida. Lo que me importa es la vida tan feliz que me has dado desde que nos casamos. —le sonríe ella con el corazón latiéndole a toda prisa. —Además me diste una hija maravillosa.
—Cuando creí que te había perdido para siempre y luego regresaste a mi vida en aquel concierto mientras cantaba la canción que escribí inspirándome en ti, me juré que haría todo lo que estuviera en mi mano para hacerte feliz.
—Y lo hiciste, Rick, cumpliste con ello de sobra. —le abraza.
El sueco le devuelve la sonrisa, después le quita los zapatos a su mujer, la toma en brazos quitándola de la silla y la acuesta en la cama. Luego se quita los zapatos él y se tumba a su lado en la cama abrazándola. Ella se aprieta contra él.
—Te quiero. —dice el sueco besando el cuello a Caroline.
—Y yo a ti. —responde ella sonriendo.
No tardan en quedarse dormidos.
Elena llega instantes más tarde a la habitación a decirles que va a salir a caminar un rato y ve a sus padres durmiendo abrazados. La joven sonríe enternecida.
«¡Ojalá yo pueda vivir algo así!» piensa la joven.
La rubia sale en silencio de la habitación, baja las escaleras que la conducen al primer piso, abre la puerta y sale al exterior. La joven camina por las calles mirando cada rincón y sonríe. Aquel es un sitio bonito. Una vez más se convierte en el centro de atención de varias personas que la siguen con la mirada.
Algunas personas más mayores toman las manos de sus nietos y los alejan de la hija de Rick y Caroline en cuanto ella pasa frente a sus casas.
Lejos de allí, el vecino del pueblo que acabó con la vida de su mujer por contar la verdad sobre Rick y su cómplice salen de la cárcel después de más de veinte años encerrados por asesinato y encubrimiento. Su hija acude a recibirle y le abraza dándole la bienvenida, no así su nieta que no se siente precisamente dichosa por la salida de su abuelo de la cárcel. La joven está reunida con ese grupo de jóvenes rebeldes del pueblo que admiran a Caroline y Rick.
—Caroline Sanders y Rick Johnson han vuelto a este pueblo hace un par de horas. —confiesa la joven feliz a sus compañeros.
Sus amigos se sorprenden.
—Pero, ¿ella no estaba muerta? —pregunta una joven.
—Eso se creía pero al parecer no. Ya nos enteraremos.
—¡Qué bueno! —dice otro joven.
—Llegaron con una chica, su hija seguramente. Caroline Sanders está en silla de ruedas.
—¡Pobre mujer! A ver si podemos conocerlos. —asevera otro joven. —Además Rick Jhonson es una súper estrella de rock. Me gustaría escuchar su música.
—Eso será algo complicado. El resto de los habitantes de este lugar siguen siendo tan cerrados e injustos con él como antaño. Mi abuelo y mis padres, por desgracia pertenecen a ese grupo de personas. —se lamenta la joven. —Ya habrá salido de prisión junto a su vecino. —comenta la chica con una mueca de disgusto en su rostro.
Uno de sus compañeros la abraza.
—Tú no tienes la culpa de como sea tu familia.
En la habitación que van a ocupar durante su estancia allí, tumbados sobre la cama, Rick y Caroline siguen durmiendo abrazados. Ambos recuerdan entre sueños, su primer beso, la primera vez que hicieron el amor y el día de su boda.
Caroline, en ese momento revive el día en el que su marido es acusado por su padre de violarla y la policía se lo lleva detenido y se despierta sobresaltada.
—¡Rick! ¡Rick! Él es inocente.
—Estoy aquí. Eso forma parte del pasado. —trata de tranquilizarla abrazándola más aún. —Nada más me va a apartar de ti, amor. Sigamos durmiendo. —dice él.
Mientras transita por las calles del pueblo, la historia de su madre parece volver a repetirse con Elena cuando un grupo de jóvenes del lugar, hijos de los jóvenes que hace veintinueve años acorralaron a su progenitora con intención de agredirla, salen a su encuentro. Se acercan a la joven en actitud intimidante.
—¡Vaya! Eres igual o más golfa de lo que era tu madre. —dice uno de los chicos, hijo de aquel joven que más insultaban a Caroline.
—Perdona, ¿Qué estás diciendo? —responde ella enfadada. —Discúlpate ahora mismo.
El joven se ríe.
—¿Disculparnos con una..?
Todos se acercan a la joven rodeándola.
—Ni se os ocurra. —les advierte una voz.
Comentarios
Publicar un comentario