CAPÍTULO 9

Cuando la fusión de cuerpos cesa, él acaricia el cabello rubio de su esposa. Pasada la intensidad y la locura con la que se amaban en la juventud, los años les han dado más calma y estabilidad en su relación. Se ha vuelto más profunda, más de verdad, aunque tienen discusiones como cualquier pareja no es mucho el tiempo que pueden estar enfadados el uno con el otro. A Caroline le sorprende y le emociona que su marido no la haya abandonado. Él es un hombre muy guapo aún, ya no es aquel chico tan sexy y guapo de cabello rizado del que se enamoró veintinueve años atrás, pero a sus más de cincuenta años sigue siendo un hombre muy apuesto y aún conserva algo de esa faceta salvaje y sexy de antaño. Y también sigue siendo igual de tierno y apasionado con ella. 

Decir que los suecos son fríos.... 
Pues su marido no es para nada frío, todo lo contrario. Es muy caliente y fogoso. A veces tiene que frenarle porque... Aunque también es increíblemente tierno y dulce cuando se lo propone. 

En cambio ella no es la misma. El accidente la postró en una silla de ruedas y no se siente la altura de su marido por mucho que él le demuestre cuánto la ama. Caroline acaricia el rostro del hombre con el que se casó hace ya tantos años como si quisiera memorizarlo y guardarlo en un rincón de su memoria para siempre. La hija del fallecido Johnatan Sanders recorre con los dedos de una de sus manos las facciones del rostro de su marido, incluso sus arrugas y líneas de expresión cada vez más marcadas.

—Es increíble, Rick. —dice ella.

—¿Qué es increíble? —pregunta él.

—Creía que no podías ser más guapo que el día que te conocí. —se sincera ella.

—¿Más guapo? Pero si soy casi treinta años más viejo. Y se nota en mi cara y mi cuerpo. —responde él dibujando el contorno de los labios de su esposa con delicadeza.

—No es solo porque te ame que te encuentro más bello cada día, es que en verdad lo estás. Los años te han tratado demasiado bien, he podido ver como te miran incluso vuestras fans más jóvenes en algunos reportajes que han emitido en televisión. Y pienso que al lado de ellas yo no puedo competir, pues no solo soy más mayor que estas muchachas, sino que además estoy atada a una silla de ruedas.

Él la sonríe con ternura.

—Son ellas las que no pueden competir contigo. Sigues siendo hermosa, no, los años te han puesto más bonita incluso con esas pequeñas arrugas en los extremos de tus ojos. —le sonríe él de nuevo. —Ademas... —responde él observando su cuerpo desnudo con picardía mordiéndose los labios. —sigues teniendo un cuerpo afortunado que da la buena genética. Tengo tu cuerpo desnudo debajo del mío y no te imaginas lo que estoy sintiendo en estos momentos con tu intimidad tocando la mía, ni lo que me estás provocando.

—Eres un pervertido. —se ríe ella.

—Eso es culpa tuya. —dice él.

—¿Culpa mía? —se sorprende ella. 

—No solo estoy tan enamorado como el primer día que descubrí que te amaba, además ése cuerpo tuyo me tienta y me provoca como no te haces una idea. —se sincera él pasándose la punta de la lengua por su labio inferior mirando a los ojos de su mujer con ardor como si sus ojos claros fueran dos brasas encendidas. —Eres sencillamente increíble le dice él.

Ella se ríe. 

—La que tiene un marido increíble soy yo. Eres una fiera, ya no tienes la melena de león pero... —se ríe ella. 

—Soy una fiera nórdica y las fieras lo somos con o sin melena. Te lo puedo demostrar...—responde el sueco .—Otra vez. Solo tienes que pedirlo. —la provoca su marido. 

—Por ahora está bien. No me puedo quejar. —responde ella con una sonrisa en los labios. —Deja que recupere el aliento, mi amor. Ya tenemos cierta edad como para excedernos en según que cosas. 

—Habla por ti, rubia. Yo aún puedo dar mucha guerra. El león está en plena forma. 

Acto seguido, Rick desliza la punta de su lengua por el cuello de Caroline, pero ella lejos de excitarse, comienza a reír ya que el pelo de su marido le hace cosquillas. 

En el exterior, Elena, David y el grupo que salió en defensa de la muchacha conversan y manifiestan a la rubia su admiración que le profesan a sus padres. 

—¡Oh vaya, muchas gracias! —les sonríe ella. —Estarán felices de escuchar eso. 

Una de las muchachas del grupo mira a Elena pero parece algo avergonzada, a pesar que no es algo muy característico en ella. La hija de Caroline y Rick no tarda en darse cuenta de eso y le pregunta directamente. 

—¿Te ocurre algo? —pregunta Elena. 

—Yo...admiro mucho a tu madre...—responde la chica. 

—Se lo diré, gracias. Seguro que le hará feliz saber eso y puede que incluso quiera conocerte. —asegura la hija de Carrie guiñando un ojo a la joven. 

—No lo creo y menos si saben quien soy. —responde la chica cabizbaja.

—No entiendo. —comenta Elena. 

—Mi abuelo, que por cierto, acaba de salir de la cárcel por matar a mi abuela, fue uno de los responsables de que tus padres estuvieran separados durante esos años. Mi abuela que fingía ser como él testificó a favor de tu padre y contó el plan, la mentira que el padre de Caroline Sanders había tramado junto a dos hombres más de este lugar para que Rick Johnson estuviera muchos años en la cárcel por algo que no hizo y su conciencia, actuar con justicia le costó la vida. —se lamenta la chica. 

—Tú no tienes culpa de nada de eso, es más de no ser por ella mis padres no se hubieran vuelto a reencontrar. Les va a Encantar recibirte. Ni siquiera habías nacido cuando aquello sucedió, creo que ninguno habíamos nacido. —sonríe Elena. 

En Suecia, el resto de la banda, los dos músicos que viven no muy lejos el uno del otro se plantean buscar nuevas incorporaciones a la banda. Tanto ellos como Rick se han resistido todos esos años pero al final no les quedará más remedio que hacerlo. Saben que sus fallecidos compañeros lo entenderían pero ellos no dejan de sentir que puede ser una especie de traición a sus memorias. Paseando por los alrededores del lugar por el cual se encuentran en ese momento, los músicos escuchan una canción, su estilo es inconfundible, se trata de música rock. 

—¡Qué bien suena! —comenta uno de los músicos. 

—Sí, ¿y si nos acercamos a escuchar mejor? —le propone su amigo. 

—Me parece una gran idea. 
Los dos músicos se acercan al lugar y ven a dos chicos muy jóvenes. Uno al teclado y otro al bajo. Les recuerdan mucho a ellos. Incluso en su aspecto. 

Cuando los muchachos, que tocan en el jardín de su casa dado que ambos son hermanos se sorprenden al ver las personas que tienen frente a ellos escuchándolos tocar y sonriendo. Tal es la sorpresa que los chicos cesan de tocar por unos instantes. 

En el pueblo, poco después el grupo se despide de Elena. David le besa la mano y ella le sonríe. 

—Espera. —se dirige la hija de Rick a la nieta de uno de los cómplices de Jonathan Sanders. 

—¿Sí? —responde la muchacha dándose la vuelta y mirando a Elena.

—Necesito que me acompañes a un sitio. —sonríe la hija de Caroline.

—¿Dónde? —inquiere la joven. 

—Tú, acompáñame. ¿Sí? 

La chica le hace caso mientras sin saberlo son observadas por un grupo de vecinos del pueblo, tanto mayores, de esos que siguen viviendo en el pasado debido a sus pensamientos, como algunos jóvenes a los que han transmitido esos pensamientos. 

—A su madre por lo menos le iban los hombres, pero su hija es peor que ella. ¿A donde irán? —comenta un señor de unos setenta años con su esposa que niega con la cabeza. 

En la habitación que Caroline y Rick comparten, el rockero ayuda a vestirse a su esposa y luego la deposita en su silla de ruedas con gran delicadeza mientras le da un dulce beso en los labios. Ella le agarra la cabeza y le besa con pasión. 

—No hagas eso. No me provoques de nuevo. —le dice su marido. —Sabes que de ti no suelo cansarme. La fiera necesita un descanso para volver a atacar con más intensidad. —se le insinúa el músico a su esposa mientras le guiña un ojo. 

—¡Estás obsesionado con tener sexo conmigo! —se ríe ella. 

—Igual que tú así que no lo niegues. Yo lo admito. —la sonríe. 

Luego el cantante empuja la silla de ruedas, la lleva al pie de la escalera y una vez allí, vuelve a tomar a Caroline en brazos mientras ambos se miran enamorados y él desciende las escaleras con sumo cuidado. 

Cuando la nieta de uno de los cómplices de Johnathan Sanders descubre a quien tiene frente a ella su cara se ilumina con una gran sonrisa. 

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